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El imaginario textil: una interpretación alternativa en los estudios de la comunicación

Published onJul 02, 2022
El imaginario textil: una interpretación alternativa en los estudios de la comunicación
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Resumen

El presente artículo llama la atención sobre la relevancia del tejido para una conceptualización alternativa de las teorías de la comunicación. El vocabulario actual y una serie de expresiones cotidianas mantienen viva una memoria que escapa a la amnesia textil que parece caracterizar nuestra época. Las metáforas textiles hablan de un sustrato comunicacional que va más allá del recurso narrativo hacia sus dimensiones heurísticas y cognitivas. Una visión logomediacéntrica ha ocultado el papel del telar y los tejidos en la historia de los medios de comunicación y, en especial, la vivacidad de su presencia y significación para los pueblos del Sur Global. La constatación de una centralidad subterránea de lo textil muestra algunos trazos para el estudio de la comunicación desde el entrelazado creador, el cuidado de la vida y del tejido social.

Abstract

This article draws attention to the relevance of weaving for an alternative conceptualization for the theories of communication. Current vocabulary and a series of everyday expressions keep alive a memory that escapes the textile amnesia which seems to characterize our times. Textile metaphors speak of a communicational substrate that goes beyond the narrative resource to its heuristic and cognitive dimensions. A logo-media-centric vision has obscured the role of the loom and weaving in the history of media and, especially, the vivacity of their presence and significance for the Global South countries. The acknowledgment of a subterranean centrality of the textile shows some traces for the study of communication from the creative interlacing, care for life and of the social fabric.


Introducción

El estudio de la comunicación ha sido clasificado desde diferentes perspectivas, dando lugar a múltiples balances y evaluaciones en varias lenguas y publicaciones.1 Ello ha generado un enfoque metadiscursivo con diversas clasificaciones de las teorías, entre las que destaca la realizada por Robert T. Craig en torno a las “tradiciones” de investigación analizadas desde un enfoque pragmatista.2 El presente trabajo parte desde otro lugar, desde la consideración de las metáforas cognitivas y los imaginarios sociales con los que se ha estudiado la comunicación para proponer una interpretación alternativa de la comunicación centrada en la metáfora y el imaginario del tejido.

Las teorías de la comunicación son interpretaciones que, en algún momento, recurren a metáforas heurísticas de diversos tipos, entre las que sobresalen las de la transmisión y la red. Una documentada búsqueda revela que no se ha realizado ninguna interpretación desde el imaginario de lo textil en los centros de investigación y universidades euroamericanas o del Norte Global. Sin embargo, el tejido no es una metáfora más, como se verá, sino una fundamental que ha estado muy presente desde la antigüedad de diversas culturas para referirse a la comunicación en sus diversos aspectos.

Este texto se enfoca desde la teoría de los imaginarios sociales para interpretar las metáforas cognitivas de las teorías de la comunicación. Se comenta el logomediacentrismo en su linealidad y evolucionismo teleológico como posible causa de exclusión de lo textil. Se presenta el papel de los telares mecánicos en la revolución industrial y su influencia en la concepción digital a través del uso de la tarjeta perforada y el cambio en la mirada. A continuación, se analizan las metáforas y el imaginario textil presentes en el lenguaje cotidiano actual y se comenta el caso de la Grecia clásica como un momento fundamental en la concepción heredada occidental euroamericana del tejido. Finalmente, se propone una interpretación textil de la comunicación como entrelazado creador, red de cuidados y espacio de tejido social.

Este artículo continuará, en un próximo texto, profundizando el imaginario textil desde el Sur Global, en particular desde el espacio andino, para proponer una comprensión alter/nativa3 del fenómeno de la comunicación y de su estudio, la comunicología.

Comunicación e imaginario social

Las teorías de la comunicación se han formulado desde una gran cantidad de metáforas convertidas en modelos y desarrollos conceptuales que han guiado la actividad de investigadores, medios de comunicación y comunicadores. En este apartado se propone pensar las diferentes interpretaciones del fenómeno de la comunicación como imaginarios apalabrados y visualizados por metáforas que culminan con las referidas al transporte y la red.

Teoría, metáfora e imaginario

¿Qué es entonces la verdad? Un ejército móvil de metáforas, metonimias, antropomorfismos... y que, después de un prolongado uso, a un pueblo le parecen fijas, canónicas, obligatorias... metáforas que se han vuelto gastadas y sin fuerza sensible.

—Friedrich Nietzsche, Sobre verdad y mentira en sentido extramoral.

Las metáforas son instrumentos fundamentales en la producción científica que potencian el razonamiento analógico, la elaboración de hipótesis, la interpretación de resultados y la comunicación de los hallazgos.4 La capacidad heurística del razonamiento metafórico la convierte en algo esencial para hacer ciencia.5 La psicología cognitiva afirma que “cada concepto es el resultado de una larga serie de analogías espontáneas y los elementos de una situación se categorizan exclusivamente a través de analogías, por triviales que estas puedan parecer”.6

En esta misma tradición, hace tiempo, George Lakoff y Mark Johnson dejaron claro el papel cognitivo de las metáforas en la vida cotidiana.7 En ambos casos, en las ciencias o en la vida cotidiana, la metáfora no es solo un tropo sino una forma de conocimiento o, incluso, “el motor del pensamiento”, ya que “sin conceptos no hay pensamientos y sin analogías no hay conceptos”.8 Aprendemos lo nuevo, lo inesperado, lo extraño, por similitudes y parentescos con lo conocido.

Aunque la filosofía había destacado el papel de la metáfora, al menos desde la Poética de Aristóteles, es Friedrich Nietzsche quién subraya la dimensión cognitiva de la metáfora.9 La metáfora habla de los contextos sociales y culturales vivos, las experiencias de los sujetos, de sus estados de ánimo y de sus intereses.10 Desde la teoría de los imaginarios sociales,11 la tarea del conocimiento de las ciencias sociales consiste en diluir los sólidos conceptos en su suelo líquido y en el ambiente gaseoso en el que surgieron.12 La interpretación concebida como una tarea alquímica que regrese lo determinado a lo indeterminado, lo definido a lo indefinido, como una manera de hacer surgir nuevas interpretaciones de las categorías con las que explicamos la realidad social y, en este caso, el fenómeno de la comunicación. El enfoque de imaginario apunta a cuestionar la base epistemológica de los estudios de comunicación que, cabe recordar, “no profundizan mucho en la epistemología”, aunque “se escriban mares de tinta sobre el supuesto estatuto disciplinario de la comunicación”.13

Abordar la teoría como una hueste de metáforas cognitivas lleva a considerar sus conceptos e implicaciones como construcciones inspiradas en el imaginario social en un camino que la interpretación puede desandar comenzando con una actitud de extrañamiento.14 La metáfora es un apalabramiento y una puesta en imagen del imaginario social. Imaginario que habla de las relaciones arbitrarias y creativas entre lo que se busca entender su “más (meta) allá (fora)” en la creación de universos de significados.15

Las teorías de la comunicación y sus metáforas

Las explicaciones de la comunicación contienen numerosas metáforas heurísticas en la mayoría de los casos no tomadas como tal y que han sido analizadas en diversas ocasiones. Se habla, por ejemplo, de la “aguja hipodérmica” y la “bala mágica”16 para indicar un efecto inmediato y con ello introducir una comprensión de la comunicación como salud social y como guerra. El “flujo de la comunicación en dos etapas17 que tendrá un gran recorrido con la idea de la comunicación como fluido y proceso y de la sociedad dividida en etapas con los líderes de opinión como figura explicativa. La “espiral del silencio”18 presenta la circularidad y recursividad del silencio de las minorías. La metáfora de la “agenda19 para concebir la sociedad como una lista de temas de conversación; “marco” (frames)20 aplicadas a la comunicación donde la información es una mirada a través de una ventana, un encuadre visual. Y así tenemos también las metáforas del conducto,21 el fluido,22 la ecología,23 la red,24 la autopista.25 Expresiones que designan un enfoque o una teoría con conceptos cuya metaforización resulta transparente. Incluso el uso de la palabra “comunicación” tiende a connotarse como concordia y convivencia en clara referencia, consciente o no, a las etimologías de “comunicación” (lo común, poner en común, comunión, comunidad) y de “información” (dar forma) que remiten a un hummus metafórico, un imaginario social, que aún permanece en el núcleo de significaciones actuales.

Klaus Krippendorff agrupó algunas metáforas de la comunicación26 que, desde la investigación y el sentido común, funcionan como verdaderas teorías constructoras de la realidad. Las expuso en seis metáforas centrales:

  • metáforas del receptáculo: referido al “contenido”, “lleno de significado”, “carente de sentido”, “frases vacías”, etcétera

  • metáforas del conducto: derivado de las tecnologías del cable, el tubo, fluir, fuente, canales, etcétera

  • metáforas del control: fenómeno causal, medio, instrumentos, dirigir, activos-pasivos, mejorar la eficacia, comunicación exitosa, etcétera

  • metáforas de la transmisión: de las tecnologías: descifrar, código, transmitir, codificar/decodificar, etcétera

  • metáforas de la guerra: afirmaciones “defendibles”, “dar en el blanco”, “ganar” una discusión, etcétera

  • metáforas de la danza-ritual: performance, participación, contacto, empatía, etcétera

Jean Pierre Meunier también ha analizado el uso explicativo de las metáforas27 entendiendo su dimensión de código como un telégrafo, su dimensión de acción como intercambio codificado, la estrategia y el modelo de la computadora en la comprensión de los procesos cognitivos. Como han hecho otros,28 el análisis de Meunier busca alertar sobre el mal uso o abuso de las metáforas en las teorías. Tal como se entiende aquí el problema esencial no es el uso torcido o torticero de las metáforas sino que su presencia, de modo transparente u oculto, construye cognitivamente una realidad sobre la que se actúa de manera acorde con ese mismo conocimiento. La comunicación es lo que sus teorías dicen y con esas definiciones se actúa, se comunica.

Tecnologías de la comunicación: del transporte a la red

Las metáforas en su dimensión heurística tienen un papel muy importante en la comprensión de los imaginarios de la comunicación, en el trazado de su genealogía y en la identificación de las matrices conceptuales desde las que se han generado las teorías de la comunicación. En este sentido, destaca el trabajo de Armand Mattelart y su interpretación de la comunicación, en sus palabras, la “invención de la comunicación”, desde las arqueologías de cuatro historias: la domesticación de los flujos y de la sociedad en movimiento; la concepción y fabricación de un vínculo universal entre los humanos; el espacio geopolítico, y la normalización y la aparición del individuo calculable.29 El trazado de las ideas y de las estrategias de comunicación en el mundo contemporáneo rastreadas desde el momento en que aún no existían los medios de masas le permite concluir que “la analogía biológica se ha instalado como matriz natural, gran paradigma unificador, para dar cuenta del funcionamiento de los sistemas de comunicación y del vínculo que los une a la sociedad como un todo orgánico”.30

John Durham Peters ha realizado su propia historia de la idea de comunicación donde el diálogo, cuyo modelo es el Sócrates de Platón, y la diseminación, según el modelo del Jesús de los evangelistas, los medios como creadores de fantasmas, la comunicación con los muertos, entre otros, constituyen verdaderos nodos metafóricos conceptuales.31 Lejos de ser recursos narrativos, las metáforas permiten adentrarse en las matrices de la comunicación, en el espacio donde ideas e imaginarios se anudan para alimentar una visión de la comunicación “como una aventura arriesgada y sin garantías”. Para justificarlo, recuerda la etimología de la palabra comunicación en lo que tiene de problemático y, que por lo tanto, no se suele citar. El autor descarta considerar el vocabulario latino communicare como el origen y se refiere al termino griego koinóo, más raramente citado pero igualmente relevante”, que también significa hacer común, comunicar, compartir, “pero también contaminar o ensuciar”.32

En ambos casos, desde dos enfoques muy diferentes, se enfrenta la tarea de entender la comunicación y sus medios como un elemento central de la sociedad actual y, tal vez por ello, Lucien Sfez afirma que “una convergencia estructural entre el uso sistemático de metáforas por la ciencia de la comunicación y el nuevo hecho de que la comunicación actual haya pasado a ser también una figura simbólica de importancia”.33

Las metáforas también han tenido un papel fundamental en la organización de modelos alternativos de las teorías de la comunicación. Bajo el sugerente título de “El telégrafo y la orquesta”,34 Ives Winkin opone dos formas de explicar la comunicación.

Por un lado, la “teoría matemática de la información”, de Claude Shannon, que se postula como la transmisión exacta de un mensaje de un punto a otro. La complejidad de la explicación matemática ha generado la sensación de que el único elemento de la teoría de Shannon que ha podido heredar “a los legos en ingeniería sea la imagen del telégrafo que impregna todavía el esquema original. Podríamos hablar así de un modelo telegráfico de la comunicación”.35

Por otro, un grupo interdisciplinario con diferentes sedes universitarias compuesto por Gregory Bateson, Ray Birdwhistell, Edward Hall, Erving Goffman, Don Jackson y Paul Watzlawick, entre otros, animaban la idea de la “comunicación como un todo integrado”, es decir, como “un proceso social permanente que integra múltiples modos de comportamiento: la palabra, el gesto, la mirada, la mímica, el espacio interindividual, etc.”.36 Por ello, Winkin sostiene que “la analogía de la orquesta tiene la finalidad de hacer comprender como puede decirse que cada individuo participa en la comunicación, en vez de decir que constituye el origen o el fin de la misma”.37

Winkin propone hablar de un modelo orquestal de la comunicación opuesto al lineal telegráfico. Lo cierto es que las telecomunicaciones y la informática han transformado todo nuestro mundo, incluido el imaginario de y desde el que se piensa la comunicación humana.38 Sin duda, el modelo matemático de la información ha colonizado el universo metafórico con una imagen/idea que lo ha inundado todo.39 La trasmisión de un punto a otro, el transporte de información, un paquete de datos, el conducto y canal, el código, la codificación y la decodificación, la exactitud matemática, entre otras, son parte de un conjunto de metáforas con las que se comunican personas, instituciones, empresas, gobiernos, y con las que reflexionan los investigadores. Unos años después, James W. Carey propuso la célebre distinción entre los modelos de transmisión y el ritual40 con algunas coincidencias con lo comentado, pero con el objetivo de buscar una teoría constitutiva de la comunicación.

Si nos centramos en las actuales tecnologías digitales, sobresalen otras metáforas como viral, nube, red. Lo viral proviene directamente del marketing diseñado para difundir información muy rápidamente haciendo que sea altamente probable que se transmita de persona a persona a través de medios electrónicos. El fenómeno de la desinformación ha dejado al descubierto la ambivalencia del virus, destacando su papel de información manipulada conscientemente para provocar estados de opinión o acciones en una determinada dirección. Por su parte, la nube tiene una rica historia cultural en la literatura, la música y el arte que “va más allá de la representación de la sublimidad de la informática” y cuyo análisis ya ha sido desarrollado.41 Se ha mencionado la metáfora de la red, quizás, la metáfora o “palabra fetiche”, como afirma Pierre Musso, más desarrollada desde diferentes puntos de vista como una lógica social cultural y económica global.42

La metáfora red tiene capacidad fundacional del mundo en el que vivimos. Toda metáfora requiere avanzar con cuidado, aunque en este caso más aún porque “las metáforas no son nada sin las posiciones políticas y metafísicas que defienden”.43 Red tiene un origen evidente en la fabricación de tejidos, la red como un conjunto de hilos entrelazados, líneas y nudos. En ese sentido, hace referencia a “la mitología del tejido”.44 Sin embargo, llega a la actualidad a través de la concepción orgánica que desde Hipócrates, pasando por Galeno y Harvey, concibe el cuerpo humano poseyendo una red oculta de nervios y venas con flujos invisibles y cerebro como malla.45 Una analogía que será utilizada de manera recurrente por René Descartes, Denis Diderot, Henri Saint-Simon, Herbert Spencer e, incluso, en la primera cibernética y los ideólogos contemporáneos.46 Sin embargo, Musso considera que “el concepto moderno de red se forma en la filosofía de Saint-Simon. Él produce la teoría de esa nueva visión lógica y biopolítica de la red”.47

El concepto actual de red con canales, conductos, cables y ondas permite la conexión múltiple, permanente y conmutable. Ya la revolución industrial permitió inventar las redes mecánicas, como el telégrafo o el ferrocarril, y las transformaciones de las técnicas informáticas hacen posible las redes autoorganizadas.

La red no tiene comienzo ni fin y con toda su mezcla “se impone como una tecnología del espíritu”.48 Esto se hace evidente, por un lado, en el uso constante de la analogía entre la mente y el ordenador y, por otro, en la calificación de “inteligente” referido a los aparatos y sus capacidades. La red es una figura intermedia entre el árbol, demasiado lineal, y el caos, el desorden. La tecnología libera de la linealidad y al mismo tiempo nos impide caer en el desorden. Hoy el imaginario de la red se convierte en una llave maestra universal. Sin embargo, por evidente que pueda parecer, la metáfora de la red entendida en la materialidad tecnológica y en su lógica de funcionamiento no es el principal punto de acceso al imaginario textil de la comunicación.

Lo digital, la escritura y lo textil

Interpretar el imaginario textil de la comunicación requiere, en primer lugar, pensar la relación de lo textil con la escritura para ver el trato que Occidente ha dado al tejido como algo tradicional, no evolucionado o en todo caso como representación de un pasado dentro de la evolución de la comunicación humana. Incluso, en segundo lugar, parece olvidarse que la revolución industrial implicó a los talleres artesanales y a los telares mecánicos. Telares que, por otra parte, no solo legaron la imaginación de lo binario con su tarjeta perforada sino que modificaron la organización de los artesanos y su percepción de las imágenes en competencia con otras tecnologías visuales como la fotografía.

Escritura y tejido: linealidad y teleología

La historia de la comunicación parece estructurarse desde una teleología centrada en las tecnologías dominantes. Se la cuenta como la narración de una serie de inventos y aparatos que culmina con las últimas tecnologías del siglo XXI, en el contexto de los países del Norte y cuyos agentes principales son las empresas, los gobiernos y, junto a ellos, algunos individuos-genios y profesionales-visionarios. En esta narración no hay referencias al Sur del planeta, a los actores y movimientos sociales que solo aparecen como contenidos de historias “extranjeras”, como testimonios de “lo extraño”, del “otro” pobre y primitivo al que hay que ayudar y darle la palabra. En todo caso, como lugar para la transferencia de la tecnología, oportunidad de negocio, incluso como ayuda “para el desarrollo”.

Todo ello permea el imaginario según el cual la comunicación camina evolutivamente de unos estadios primitivos a las tecnologías contemporáneas. En este punto no cuestionado, la oralidad primaria (la anterior a la existencia de la escritura en el sentido de Walter Ong49) sería un estadio primitivo mitopoético superado por la escritura, en especial la fonética —la griega—. La oralidad sería la comunicación de sociedades tradicionales, míticas, repetitivas y cíclicas, mientras que la escritura alfabética sería la comunicación de la filosofía, la ciencia, el progreso lineal.

No es que no se haya realizado una crítica de ese evolucionismo que lleva de lo oral a lo escrito50 y de las técnicas elementales a las tecnologías digitales. El problema consiste en que sigue vigente en los discursos periodísticos y en circuitos públicos formando parte de un sentido común. Ello supone que la comunicación aparece como el producto de una evolución de lo oral a la escritura alfabética, es decir, la escritura “completa” en tanto representa la palabra hablada (con los antecedentes de la escritura logosilábica y la silábica). Antes de ello estaría la “no escritura” como las pinturas en las que los dibujos primitivos expresan signos, pero no formas lingüísticas. Estas concepciones se aplican aún hoy a las poblaciones americanas descendientes de los pueblos precolombinos a las que se tacharía de sociedades primitivas, “ágrafas”, porque no tuvieron escritura alfabética tal como la tenía la sociedad europea, pero como dice Luis Ramiro Beltrán, la “mayoría de las culturas nativas precolombinas no eran ni primitivos ni ágrafas”.51

La escritura alfabética se convirtió en el signo y símbolo de la comunicación y el sentido, obviando —o rebajando a débiles copia de ella— todas las otras prácticas culturales que expresan el sentido, lo construyen y lo comunican. Así en el mundo precolombino se encuentran distintos “rasgos expresivos que estructuran una manifestación simbólica sobre la base de la utilización y la organización de ciertos elementos”52 como, por ejemplo, danza, música, poemas, cantos, himnos, plazas, edificios, templos, vestimenta, orfebrería, dibujos, entre otros.53 La cultura es la producción, circulación y consumo de significaciones y la comunicación humana es esencialmente simbolización y relación/interacción de sentidos entre sujetos. Por ello, comunicación y cultura no pueden estar separados como si fueran “distintos” “objetos de estudio” que no tuvieran relación.54 La mirada a todas esas prácticas que han enriquecido, por ejemplo, el legado de los pueblos sudamericanos55 —que se encuentran hoy en casi todos los países latinoamericanos— son similares a las que pueden hacerse de muchos otros pueblos. Mirada que cuestiona la presentación histórica de la comunicación56 y que no permite conceptualizarla de otro modo distinto a la centrada en los medios técnicos. Entre todas esas prácticas tan diferentes de comunicación/cultura se destaca la textil. La práctica textil como práctica cultural tiene una dimensión alternativa a la comunicación centrada en la escritura alfabética. Rescatar lo textil en el sustrato de las explicaciones de la comunicación llevaría a reinterpretar el fenómeno comunicacional desde ese otro lugar tan presente, por ejemplo, en el textil andino57 donde lo técnico aparece de otro modo.

El imaginario comunicacional de la oralidad y la escritura en su logocentrismo tuvo su afinidad electiva con el mediacentrismo. El inconsciente de semejante relación se convirtió en la investigación sobre la comunicación como consecuencia de sus instrumentos técnicos. Fotografía, prensa, cine, radio, luego televisión, computadoras, celulares e internet han permitido imaginar la centralidad de una concepción más o menos evolutiva de la tecnología en la reflexión medialógica, dando pasos a lecturas lineales deterministas y teleológicas.

Más allá (o más acá) de la evolución de lo mítico a lo lógico o del logocentrismo al mediacentrismo, puede que comunicación sea, también, otra cosa y que descubrirlo pueda depender de la consideración de lo textil como tramado de técnica y escritura, porque el tejido sigue hablando de lo que es la comunicación. Aquí se intenta mostrar que lo textil constituye un imaginario de la comunicación que ha permanecido subyacente, pero vivo y actuante en el substrato cultural. Un conocimiento naturalizado que se manifiesta en la atmósfera cultural cuando se habla de comunicación.58

Capitalismo y telares mecánicos

La linealidad de la interpretación de los “medios de comunicación” suele dejar de lado una tecnología fundamental para el capitalismo occidental como son los telares automatizados. Los telares mecánicos fueron los instrumentos de la revolución industrial. Joseph-Marie Jacquard (1752-1834) dio nombre al telar más famoso con el que el capitalismo adquiere su perfil definitivo. Se empleaba “para tejidos con grandes dibujos, en los cuales todos o la mayoría de los hilos del dibujo suben o bajan independientemente unos de otros; de esta manera pueden fácilmente reproducirse en el tejido líneas y figuras de todas clases”.59

Contrariamente a lo que pueda sugerir su nombre la maquina automática de tejer fue resultado de más de un siglo de diversos inventos y construcciones.

Contemporáneo a las máquinas automáticas de tejer, Charles Babbage, matemático inglés, diseñó una “máquina diferencial” para construir tablas matemáticas y en 1834 propuso una “máquina analítica” para realizar cálculos numéricos muy diversos. Sin embargo, señalaba irónicamente que aquella máquina “sería capaz de hacer cualquier cosa menos componer piezas folclóricas”.60 Aunque el concepto de la máquina estaba aún alejado de una computadora de propósito general como las actuales, planteaba la idea de un mecanismo en relación con una lógica de funcionamiento. En este punto destaca Ada Lovelace quien, como ayudante de Babbage y entusiasta de su máquina, fue la que relacionó la máquina analítica con el telar de Jacquard: “podemos decir sin temor a equivocarnos que la Máquina Analítica teje modelos algebraicos exactamente igual que el telar de Jacquard teje flores y hojas”.61 Aunque también se sabe que el propio Babbage, que tenía un telar de Jacquard, se propuso utilizar tarjetas perforadas como las del telar automático en la máquina analítica que había diseñado.

Esas tarjetas usadas también por pianolas y máquinas censales de comienzo del siglo XX se convirtieron en la primera memoria del mundo digital. Las tarjetas perforadas se mostraron rápidamente como soportes de un lenguaje binario que debía ser almacenado. Este primer disco duro hacía del agujero “la otra opción” a la superficie y al espacio.

Aunque los telares mecánicos y su influencia son conocidos en la historia de la computación, las historias de las técnicas comunicacionales no los tienen en cuenta. Entre otros motivos, por la incapacidad de ver el imaginario común que relaciona telares con medios de comunicación, y telas con comunicación.

El funcionamiento técnico del telar y del hacer humano de los talleres textiles permitieron una mayor productividad en la elaboración industrial automatizada de tejidos, pero un importante problema fue la separación entre el constructor de telares y el artesano de tejidos, porque “el constructor está falto de experiencia en el uso del telar y el tejedor no posee conocimiento de mecánica suficiente para desarrollar las ideas que durante la práctica se le ocurren”.62 En el caso de los tejedores de Lyon, después de una etapa de rechazo, generaron nuevos modos de organización en el uso de los telares que llevaron a aumentar la imaginación humana y esforzarse por acrecentar la complejidad de las telas en su búsqueda de hacer que los textiles compitieran con los medios dominantes de la época (grabado, impresión, pintura) y con el nuevo medio de la fotografía. El telar mecánico les permitió una nueva forma de imagen digital basada en el textil.63

La comprensión de la relación entre el telar mecánico, es decir, del aparato con su complejidad, la organización de los artesanos en su uso, la producción de telas, incluso su comercialización e influencia en la economía, plantea un problema común a la historia de las tecnologías y la historia de los medios de comunicación. El primero es el determinismo tecnológico que, en el caso de los medios, se aplica a la transformación de la atención, la memoria, el conocimiento, la formación de la opinión pública, los cambios de escala espacios-temporales. En estos planteamientos, como los de Marshall McLuhan,64 el problema consiste en la teleología de los cambios que se concentra en los medios y tecnologías que triunfan, subsumiendo la explicación a una linealidad evolutiva, un progresismo que se centra en los medios poderosos y en las relaciones de poder en las que participan. La historia de los medios de comunicación aparece así integrada en un movimiento aparentemente inconsciente que se mueve por la fuerza de su argumentación y de su eficiencia y eficacia. El caso del telar de Jacquard como una tecnología compleja de colaboración hombre-máquina es un ejemplo de un sistema de medios digitales aún no dominante, que fomenta una inmensa creatividad. Tal como lo ha analizado Ganaele Langlois, puede ser un ejemplo, que lleva a pensar en las oportunidades para explorar el potencial de los sistemas mediáticos no dominantes y que pasan desapercibidos por el mediacentrismo.

El tejido, sus metáforas e imaginarios

Adentrarse a las consideraciones de los tejidos implica constatar un olvido de lo textil como comunicación, como producción de sentido. Una especie de amnesia que tiene instrumentos de cura cuando se investiga su omnipresencia en el vocabulario y en expresiones de la vida cotidiana para, de esta manera, transparentar el antiguo parentesco entre el tejido y la comunicación humana. Se trata de la posibilidad de centrar la reflexión de la comunicación desde las prácticas subalternas, desde las artesanías antes que en las tecnologías, desde las mujeres antes que en los hombres, desde el Sur antes que en Occidente euroamericano, desde la palabra y la comunidad antes que desde las tecnologías y las empresas.

¿Amnesia textil?

...el despertar de recuerdos dormidos que causa la analogía parece encontrarse tan próximo a la esencia de lo que significa ser humano que es difícil imaginar cómo sería la vida mental en caso de no existir.

—Douglas Hofstadter y Emmanuel Sander, La analogía. El motor del pensamiento.

Lo textil es una actividad y un imaginario que acompaña al ser humano desde el Neolítico a la actualidad. Un pasado que se hace presente en hallazgos arqueológicos constantes de instrumentos de tejido (husos, telares) y, sobre todo, en el vocabulario de la vida cotidiana que relaciona diversas acciones humanas con el mundo del hilo, la trama, la urdimbre. El antropólogo Tim Ingold defiende la idea de que hilar, trenzar y tejer están entre las artes humanas más arcaicas y afirma que “la fabricación y uso de hilos puede ser un indicativo claro de la aparición de las formas de vida característicamente humanas”.65

A pesar de su importancia antropológica el tejido goza de un raro privilegio, la invisibilidad de su presencia y la irrelevancia de su consideración. Al punto que se ha “pasado por alto el papel central de los textiles en la historia de la tecnología, el comercio y la civilización propiamente dicha”.66 Por ello, Virginia Postrel asegura que la sociedad actual padece una “amnesia textil”.67 Dada la abundancia de textiles no hay conciencia de lo entrelazada que está la vida humana, en sus diferentes dimensiones, con el tejido.

La producción textil está reflejada en los sistemas más antiguos de escritura. Telas, husos y telares, entre otros retratos del mundo textil, se representan en la escritura cuneiforme de Mesopotamia, en la jeroglífica de Egipto y en la lineal del Egeo, haciendo referencia a un universo conceptual cercano al actual.68

El textil es un fenómeno común a la humanidad, desde entrelazados y nudos simples de hilos vegetales y animales a complejos trabajos en múltiples culturas y lugares del mundo. La historia del tejido y su evolución histórica se basa en tres hechos: el descubrimiento del entrecruzamiento con materiales flexibles; su elaboración para conseguir un hilo, y los instrumentos necesarios para sostener los hilos con la tensión necesaria.69

Los antiguos manuales industriales europeos definen tejer en relación a la urdimbre y la trama como “entrelazar una serie de hilos colocados en el sentido de la longitud de la tela con otra serie de hilos colocados transversalmente en el sentido del ancho”.70 Y dividen la industria textil en tres partes: hilatura (“operaciones necesarias para obtener las fibras...”), tejido (“fabricación de tejidos”) y el teñido y aprestos (operaciones necesarias de hermoseado y acabado de los tejidos”).71

Desde el punto de vista artesanal andino, se ha definido tejido como “entrecruzamiento de un sistema de hilos llamado urdimbre por un sistema de hilos llamados tramas, cuyo rasgo constante es la formación del paso o calada (espacio que se forma entre los hilos de urdimbre para el pasaje de la trama). Los restantes rasgos pueden poseer siempre una excepción”.72

El entrecruzamiento y las etapas de la actividad textil provienen de antiguo73 y permanecen vivas en diversos lugares, entre los que destaca, de una manera especial la región andina latinoamericana donde el tejido ocupa un lugar central en muchas comunidades.74 La investigación de la región andina obliga a reconsiderar la comunicación desde una antropología precolombina aún viva en sus mestizajes e hibridaciones.

El lenguaje del tejido

Las lenguas contemporáneas hacen referencia al antiguo mundo textil en contextos muy diversos, aunque con especial dedicación a la expresión y la comprensión de la comunicación humana. Las etimologías y la fraseología brindan múltiples ejemplos.

Etimologías75 de las lenguas occidentales76 recuerdan la íntima relación entre “textil”, “texto” y “técnica”. Todas derivadas de la raíz indoeuropea teks- (significado de tejer, fabricar, asemblar, carpintería) de donde deriva el griego tekton (significado de estructura, construcción, obra y, en castellano, tectónico, arquitecto) y téchne (significado de técnica, arte y, en castellano, técnica, tecnócrata, tecnología) y a través del latín tela (llega: tela, telar, sutil); texere (de donde tejer, trenzar, entrelazar), textus (tejido participio de texere, de donde texto, pretexto, hipertexto).

Hay también un parentesco entre lino y línea. La raíz indoeuropea *li-no- a través del griego linon y del latin linum ha dado en castellano, entre otras, lino, línea y online. Y la presencia de hilo desde la raíz indoeuropea *gwhi- con significado hilo y filamento y a través del latín filum (filo, línea de un contorno, hilo) pasó al castellano filo (y filamento, filar, filete, filigrana), fila (y desfilar, enfilar), hilo (hilar, hilván), perfil y perfilar, vilo, entre otras.

Múltiples expresiones en español, con sus correlativos en lenguas romances, se refieren a diversas dimensiones del textil, el tejido y el tejer. Así se encuentran, por ejemplo:

  • trama como artificio o confabulación contra alguien; enredo de una obra dramática o comedia, “la trama del relato”

  • urdir como, por ejemplo, maquinar algo contra alguien

  • el uso de hilo en expresiones como “tirar del hilo”, “el hilo de la cuestión”, “no perder el hilo”, “el hilo de la vida”, “no dar puntada sin hilo”, además “el hilo”, según se dice, se puede seguir, perder, cortar, retomar

  • dichos referidos al nudo como “nudo del problema”, “nudo gordiano”

  • hilar en “hilar fino”

  • tejer como “entretejer” temas, cuestiones, ideas, conceptos; discurrir, idear un plan

  • referencias a la textura como disposición o estructura de una obra, un cuerpo

  • aguja, “encontrar la aguja en el pajar”

  • a la rueca, como algo que se tuerce

Esta lista de expresiones y usos del lenguaje referidos al mundo textil testimonia un imaginario del sentido de la vida, del hacer y hablar, como también lo manifiesta la expresión inglesa spinning yarns como “contar historias” y antes, rapsodia, como “coser canciones e historias”.

Una dimensión reciente de la investigación textil consiste en explorar el papel de la tecnología textil en los universos mentales del pasado, en el culto, los rituales, la mitología, las metáforas, la retórica política, la poesía y el lenguaje de las ciencias.77 Las investigaciones de este tipo concluyen que las expresiones textiles metafóricas y figurativas no son meras herramientas estilísticas sino que están arraigadas en realidades cognitivas, terminológicas y vivenciales del pasado y que persisten hasta la actualidad en el lenguaje.

Oswald Panagl considera que una prueba de ello se encuentra en el vocabulario inglés relacionado con weaving, spinning, net que se consolida en términos y expresiones técnicas del léxico de los medios electrónicos como, por ejemplo, web address, on the web, web based, web browser, web designer, webcast, web forum, webhead, webmaster, web page, web-site; spin doctor; network, internet, net speak.78 El investigador analiza el campo semántico del tejido para sostener que no se ha convertido en una metáfora muerta sino que ha seguido siendo productiva desde la antigüedad hasta nuestros días.

Seguir las expresiones y palabras del vocabulario actual referidas al mundo textil lleva a hacer visible una presencia silenciosa a la vez que activa. Las metáforas muestran el camino hacia el imaginario de la comunicación humana. Un imaginario que tiene como hummus la textilidad, el entrelazado creador de manos habilidosas, y que se refiere a la vida y su cuidado junto al hablar, el cantar, el texto, el escribir, el relacionarse con otros. Increíblemente esas palabras que tomaron cuerpo y significado desde un conjunto de prácticas habituales en el pasado permanecen vivas, pero tan escondidas y desconectadas de su núcleo de sentido hasta el punto de no llamar la atención en su capacidad explicativa ni en su fuerza heurística.

El caso griego: imaginario textil entre retórica, logos y mito

Los pueblos antiguos, como se ha señalado, ofrecen múltiples experiencias de la práctica del tejido. Aquí mencionaremos, por su influencia evidente en la cultura y las lenguas europeas, el vocabulario y las expresiones textiles moldeadas en la antigua Grecia y que nos han llegado a través de los mitos, la filosofía y el arte. El recurso a Grecia conlleva la intención de llamar la atención sobre una historia y una cultura explorada hasta, en algunos sentidos, volverlas sentido común occidental. Reconsiderar este sentido ayuda a entender los silencios y ausencias de los que está hecha la memoria subalterna, popular y femenina.

Las referencias de la lengua de la Grecia clásica,79 de sus mitos y su filosofía partían de un contexto de la vida cotidiana y la organización social donde lo textil ocupaba un lugar fundamental. La labor,80 como la define Hannah Arendt, es una condición de posibilidad de la polis, de la “acción”, pero que permanece en la oscuridad del oikos, lugar de la desigualdad y de la necesidad gobernado por las mujeres. Dentro del oikos, el gineceo era un espacio arquitectónico y simbólico del tejer y del tejido. Allí al ritmo de un telar vertical cuyas urdimbres la asemejaban a una lira, se expresaba la habilidad de la tejedora tanto con fuerza como con habilidad. Mientras se tejía se contaban historias y mitos, y se aprendían traiciones y valores, que fundaban la mentalidad de la sociedad griega.

En ese mundo, el tejido, su hacer, sus herramientas, sus insumos, eran una referencia para pensar el sentido de la vida humana. El trenzar de los hilos y los ritmos del telar creaban las telas con las que se hacían las vestimentas y se concebían los sentidos de las historias y de la vida humana que allí se abrigaba. Era “coser y cantar” según la célebre expresión popular que coincide con la idea de que la lanzadera es “amiga de las canciones”.81 Circe, las Moiras y las Parcas también hilaban y cantaban,82 porque en la sociedad clásica el modelo sagrado no solo era textil sino también lingüístico. En ella las jóvenes narraban y fijaban en soporte textil, que era el modo femenino.83

Se ha analizado el imaginario textil griego en relación con la comunicación84 destacando que la retórica era la teoría de la comunicación del ágora, pública y masculina, mientras que la actividad del tejido propia del oikos, doméstico y femenino, solo tiene referentes en los mitos, son “historias de mujeres”. Situación que culminará en la época Clásica en la oposición entre logos y mitos, la explicación y demostración racional frente a la narración, el relato, las historias.85

Aristófanes en su comedia Lisístrata (411 a.C.) y Platón en El político (367-361 a.C.) son dos casos donde lo femenino cruza la frontera hacia la política. Lisístrata, mujer, toma la palabra para aconsejar cómo resolver los problemas de la falta de acuerdo de los ciudadanos, “los políticos”, y toda su recomendación consiste en una aplicación de las tareas textiles

LISÍSTRATA.- Ante todo, como se hace con los vellones, habría que desprender de la ciudad en un baño de agua toda la porquería que tiene agarrada, quitar los nudos y eliminar a los malvados, vareándolos sobre un lecho de tablas, y a los que aún se quedan pegados y se apretujan para conseguir cargos arrancarlos con el cardador y cortarles la cabeza; cardar después en un canastillo la buena voluntad común, mezclando a todos los que la tienen sin excluir a los metecos y extranjeros que nos quieren bien y mezclar también allí a los que tienen deudas con el tesoro público y además, por Zeus, todas las ciudades que cuentan con colonos salidos de esta tierra, comprendiendo que todas ellas son para nosotros como mechones de lana esparcidos por el suelo cada cual por su lado. Y luego, cogiendo de todos ellos un hilo, reunirlos y juntarlos aquí y hacer con ellos un ovillo enorme y tejer de él un manto para el pueblo.86

Limpiar, mezclar, reunir, juntar, tejer... crear lo nuevo, lo que protege: “si tuvieras una pizca de sentido común, según nuestras lanas gobernaríais todo” sin necesidad de guerras ni competencias estériles entre las ciudades griegas.

Platón en El político pone en boca de un extranjero una reflexión sobre el proteger y el cuidado desde el campo semántico de tekton, téchne y texere que lo llevan a concluir que “a estas defensas y ropas que se confeccionan entretejiendo sus mismos hilos les damos el nombre de vestidos; e igual que entonces llamamos ‘política’ al arte de cuidar la ‘polis’”. La política se presenta como cuidado, protección, cubierta/cobertura, arte/técnica.87 En la Grecia clásica el tejer podía postularse como un modelo de organización política, pero en una comedia o en boca de un extranjero y, en ambos casos, era una manera de sostener algo que parece impropio.

En la cultura europea la asociación del tejer con la mujer ha permanecido hasta hoy aunque la realidad sea más compleja. Thomas Blisniewski, hablando de las labores del tejido, tal como se representa en el arte europeo y analizado desde el punto de vista evolutivo,88 constata el legado judío y el grecorromano que, a través de la tradición cristiana, ha llevado a la Europa occidental a considerar que una mujer virtuosa se relaciona íntimamente con las labores textiles. La representación artística occidental incide una y otra vez sobre la tradicional asociación de la mujer con las artes de tejer, sugiriendo pasividad y dependencia femenina. No obstante, también podría considerarse, como se ha hecho, el tejer no solo como “símbolo de sumisión doméstica” sino, también, “como una industria productiva” y tal vez, a consecuencia de ello, “signo de su virtud femenina”.89

Resulta curioso que, históricamente, lo femenino parece encontrar sujeción en lo textil, mientras lo textil no necesariamente se resuelve en el mundo de la mujer. Más aún, la revolución industrial muestra cómo la conversión en industria parece liberar lo textil del mundo femenino para transformarse en tecnología patriarcal y economía productiva del capitalismo. Lo que no sucede en Latinoamérica donde lo textil, corazón de la cultura y del sentido, sigue participando de lo que pueda entenderse por comunicación en su relación con los otros, con la tierra, con la tradición y la religiosidad.90

Para una teoría alternativa de la comunicación

Lo dicho hasta aquí justifica postular una teoría alternativa del fenómeno comunicativo centrada en la metáfora del textil y el imaginario del tejido como alter/nativa al mediacentrismo. En su búsqueda se pueden pensar tres aspectos a tener en cuenta para una conceptualización de la comunicación: como entrecruzado textil creador, como cuidado de la vida y como el tejer del tejido social.

La comunicación: entrecruzado textil creador

El antropólogo Cliffort Geertz afirma, siguiendo a Max Weber, que “el hombre es un animal inserto en tramas de significación que él mismo ha tejido” y continúa “considero que la cultura es esa urdimbre y que el análisis de la cultura ha de ser por lo tanto, no una ciencia experimental en busca de leyes, sino una ciencia interpretativa en busca de significaciones”.91

Siguiendo estos lineamientos John B. Thompson en su estudio sobre la Modernidad y los medios de comunicación afirma que “los medios de comunicación constituyen las ruecas del mundo moderno y, al utilizar estos media, los seres humanos se convierten en fabricantes de tramas de significado para consumo propio”.92

Estos autores utilizan la metáfora textil como un recurso narrativo, pero puede usarse como instrumento heurístico. Vilém Flusser, brevemente, hace esta interpretación subrayando el carácter artificial de la comunicación cuyo objetivo es “hacernos olvidar el contexto falto de significación en el que nos hallamos por completo solos e incomunicados” y continua:

la comunicación humana teje un velo del mundo codificado, un velo de arte y de ciencia, de filosofía y de religión en torno a nosotros y lo teje cada vez más denso, para que nos olvidemos de nuestra propia soledad y de nuestra muerte, y también de la muerte de aquellos a quienes queremos... La teoría de la comunicación se ocupa del tejido artificial que hace que nos olvidemos de la soledad.93

En varias culturas, el tejido se metaforiza para comprender la vida y su sentido. El laborioso trabajo de fabricar hilos, desde vegetales, animales o insectos, para luego entrelazarlos en el telar para producir tela. El ser humano sale del vientre unido por un cordón y, a falta de pelos, plumas o gruesa piel, debe ser cobijado y abrigado. En América del Sur se considera al tejido como una prolongación del vientre materno.94 La cultura con sus símbolos, mitos, narraciones, arte, imágenes, textos, entre otros, se construye y funciona como el vientre materno creado por el tejido de la comunicación.

A lo largo de la vida de los individuos y de la historia de la sociedad se construyen redes de significaciones que dan sentido a las cuestiones más diversas, comenzando por sus sensaciones, deseos, miedos, inquietudes y esperanzas, así también como respuesta a amenazas, oportunidades, competencias o para justificar acciones. La cultura es la tela producida para cobijarse y protegerse ante la intemperie del sin-sentido, mientras que la comunicación es la acción por la que se la teje. La comunicación acción generativa, “entrelazado perpetuo”,95 un movimiento siempre presente, sea latente o visible. La cuestión central de la comunicación es la producción de tramas de significación, conscientes o inconscientes, implícitas o explícitas. Comunicar protege, da seguridad ontológica, contacto, abrigo, piel, calor. ¿Y cómo lo hacen las tejedoras? Ellas hablan del tejer como un acto meditativo en el que “la mente entra en un estado que puede describirse como ‘receptivo’. Uno escucha mucho mejor cuando teje. No cuestionas, no peleas, ni impides. Nada como escuchar música y tejer, o conversar y tejer o ver una película y tejer”.96

Por ello defienden el tejer como un proceso de pensamiento y no solo como una habilidad manual: el “tejer desafía la mente”.97 La comunicación como escucha, recepción del otro, reconocimiento y diálogo. La recepción como imaginario femenino, apertura al otro, capacidad de dejarse fertilizar y de abarcar al otro. Aquí “recepción” es otra cosa, es preparar mente y cuerpo para lo que suceda. La comunicación como un preparativo para el acontecimiento ordinario, para el transcurrir, para la contemplación de la vida. Sin embargo, el tejer es también lo que se hace mientras se hacen otras cosas. En algún sentido, el tejer distrae, ayuda a mirar de otro modo, a concentrar la escucha en otros niveles de armonía y a un diálogo distendido. El cuerpo entretenido a través de las manos produce la quietud con la que comienza y se desarrolla otro nivel — por usar la metáfora de los videojuegos— de la existencia.

Comunicación: tejer como cuidado de la vida

“El hilo de la vida” es una expresión antigua y se encuentra presente en culturas muy distintas. El hilo de las Moiras griegas y las Parcas latinas, hilanderas de la vida, tiene presencia en otras culturas indoeuropeas como la hitita, la antiguo-islandesa, la báltica, la eslava y la albanesa, así como en la cultura india e iraní,98 en la cultura inca99 y en la maya.100 Ese hilo de la vida es el hilo del sentido, el hilo del sino. El hilo que se crea retorciendo, se extiende, se sostiene y se corta. Como la suerte, como el destino, la vida pende de un hilo.

En las comunidades andinas latinoamericanas se entiende que el textil es como el cuerpo y como la vida, el telar como madre y el tejido como hijo que, como un ser humano, va creciendo.101 Se piensa que el tejido trenza el hilo de la vida desde el centro, el ombligo, haciendo circular el flujo de energía corporal y espiritual de un lugar de fuerza a otro.102 Comunicar es proteger la vida, el cuerpo el tejido, y la tela la piel a la que se refiere Marshall McLuhan103 y Andrea Saltzman104 desde ángulos muy distintos.

La cuestión de género está muy presente. La realidad es que el tejido no es una tarea solo de mujeres, ni en la historia, ni en la actualidad, pero sí hay algo, como manifestó Jaques Lacan, por lo que “la mujer es primordialmente una tejedora”.105 En su importante libro sobre el tejido, Postrel sostiene: “la historia de los textiles no es una historia masculina o femenina, ni una historia europea, africana, asiática o americana. Es todo eso al mismo tiempo, algo acumulativo y compartido: una historia humana, un tapiz tejido con incontables y vivísimos hilos”.106

La autora tiene una visión romántica y “acumulativa” de la historia. Es cierto que en la antigüedad los hombres tejían, la revolución textil industrial empleó hombres y mujeres, en guerra todos han tejido ropas, por mencionar algunos. Sin embargo, eso no puede tapar lo que el tejer y el tejido muestran. Todos los pueblos han tenido y tienen algún tipo de actividad de entrelazado textil, sin embargo, la historia del tejido también muestra las diferencias de género, de clases sociales, las estrategias coloniales, y se encuentran testimonios, en la escritura y en el arte, de divergencias, desajustes, discrepancias e incluso oposiciones y simple dominación. El tapiz que compone la historia del tejido tiene jirones, desgarros, hilos invisibilizados e hilos que tapan y ocultan, hilos tensos y otros superficiales. La armonía y la belleza del tejido de la humanidad también guarda injusticia, dolor y sufrimiento, pero si los seres humanos seguimos tejiendo tal vez sea porque seguimos buscando la belleza y la esperanza. La comunicación, como el tejido, tiene una historia que corre paralela a la historia del ser humano. Comunicación aparece así como algo más y distinto a la coordinación y la interacción. Es, sobre todo, reconocimiento de la alteridad y búsqueda de sentido. Y, como tal, es matriz vital y entrelazado creador y protector de la vida. La comunicación humaniza, hace humanos en un mundo humano.

El tejido tiene una relación con la vida y con el cuerpo femenino que va mucho más allá del relevamiento de quién hace la actividad y dónde. El tejido de lo común, el cuidado de los otros, proviene de un tejido que “prolonga el cuerpo y también el cuidado, el vínculo y el nexo”.107 El que después de la segunda guerra mundial las mujeres dejaran de tejer y coser en el espacio doméstico, espacio esencialmente sin reconocimiento, hizo que la sociedad se entregara al mercado de la moda de usar y tirar. Desde hace unos años, mujeres de muchas partes del mundo han generado talleres de tejido y de costura, de creación de tejido social en barrios pobres o comunidades marginadas y de (auto)reparación de las identidades y de los lazos sociales.108

Comunicación: tejer el tejido social

La textilidad de la comunicación enfrenta la visión instrumental y mediacéntrica con una estrategia ontológica de producción de vida en relación con los otros —antecesores, contemporáneos y descendientes—, con la geografía —la madre tierra y el conjunto de los seres vivos— y con las creencias y cultura de la comunidad. Ello se hace patente en los activismos y luchas textiles que recorren las ciudades y el campo de toda Meso y Sudamérica con innumerables experiencias comunitarias y feministas. Solo por mencionar unos pocos ejemplos. Las arpilleras chilenas desde los años setenta del siglo pasado que plantaron cara a la dictadura de Augusto Pinochet. Mujeres chilenas, madres, esposas, hijas y ellas mismas perseguidas políticas por el régimen represivo y que encontraron y actualizaron una antigua práctica mapuche como modo de existencia y resistencia.109 En Perú, el Proyecto Quipu que con la ayuda de tecnologías digitales se ha constituido como una organización que lucha por la memoria y justicia contra la esterilización forzada realizada en comunidades rurales e indígenas durante el gobierno de Alberto Fujimori.110 En Colombia el activismo textil se multiplica por todo el territorio construyendo colectividad, para promover causas sociales y canalizar denuncias o protestas.111 Algo similar sucede en Panamá y Guatemala, con la particularidad de una búsqueda de protección legal sui generis de propiedad intelectual comunal.112 Los casos son innumerables y en todos los países, estos pocos ejemplos muestran la vivacidad de los movimientos de activismo textil latinoamericano que se emparentan con los que se desarrollan en las ciudades de Europa o Estados Unidos hace tiempo, en el seno de movimientos feministas como la guerrilla o arte callejero llamados yarn bombing, yarn storming, guerrilla de ganchillo, graffiti crochet, entre otros nombres para las costuras subversivas y la rebeldía textil.113

Las distintas experiencias de militancias textiles manifiestan la necesidad de reconsiderar qué es una práctica de la comunicación. Los “modelos” a los que se recurre en las comunidades para pensarlas y los recursos antropológicos de interrelación significante no son los “medios de comunicación” ni sus tecnologías sino prácticas ancestrales vivientes en las familias y en las comunidades. Entre ellas sobresale el uso de nombres y prácticas “textiles” que articulan muchas luchas sociales populares, indígenas y campesinas, con especial fuerza en Latinoamérica, y con testimonios en algunas urbes del Norte Global. En todas ellas, el uso del imaginario textil no acentúa los instrumentos de comunicación para promocionar y publicitar los reclamos de justicia e igualdad sino la acción comunal de trenzado de intereses y de lucha por el reconocimiento mediante el sentarse juntos. Acentúa el trenzar, el dialogar y el producir telas sin diferencias sociales, de género o de raza. Militancias que generan un entramado protector, activo, vital que se refuerza en el anudado colaborativo del compañerismo, la sororidad y la comunidad.

La invisibilidad del textil reducido a una práctica subalterna, mayoritariamente femenina, popular, pobre, “propia” de pueblos “pobres”, manifiesta una dificultad de la investigación en comunicación. La dificultad de enfocarse hacia fenómenos por fuera o al margen de las tecnologías digitales empresarialmente dominantes. En este sentido, hay posibilidades de una teoría alternativa, pero a condición de descolonizar los estudios y la historia de la comunicación a fin de discutir el tecnocentrismo dominante y su teleología. Tal vez así, podría enfrentarse la ceguera comunicacional hacia lo textil y reconstruir nuevas genealogías teniendo en cuenta las prácticas textiles históricas y de diferentes comunidades en sus propios contextos. La antropología y la historia del tejido ya han realizado parte del trabajo, ahora toca escucharlo desde la comunicación popular, del Buen Vivir, y decolonial del Sur.

Conclusión: La centralidad subterránea de lo textil

Ante la pregunta de por qué lo textil como interpretación de la comunicación, se podría responder provisionalmente y desde la teoría de los imaginarios sociales:

  • Porque las referencias a la comunicación y el sentido apoyados en el vocabulario y la metáfora del textil están omnipresentes en las lenguas occidentales. Hay algo en esta concurrencia ubicua, una evocación de un imaginario ancestral que se da por conocido, un sentido común del universo simbólico de la sociedad.

  • Porque la frecuencia del recurso cognitivo metafórico textil en las teorías de la comunicación también es múltiple, pero rara vez se explicita. Semejante a lo que sucede en el lenguaje de la vida cotidiana, se utiliza la metáfora como recurso narrativo sin más.

  • Porque al profundizar en el olvido y ausencia de lo textil puede rastrearse una negación que va unida a la ocultación de lo femenino, lo cotidiano, lo doméstico, lo subalterno, lo popular, lo artesanal.

  • Porque al estudiar el imaginario textil aparece una comprensión del fenómeno de la comunicación que abre nuevos horizontes de interrogación.

Y estas respuestas llevan a la necesidad de postular una teoría alter/nativa de la comunicación desde un lugar distinto a la comunicología tradicional mediacéntrica. Estudiar la comunicación luchando contra las diversas formas de negación de la existencia de lo diferente a la cultura occidental euroamericana.

Boaventura de Sousa Santos defiende que hay “cinco formas sociales principales de no existencia producidas o legitimadas por la razón eurocéntrica dominante: lo ignorante, lo residual, lo inferior, lo local o particular y lo improductivo”.114 Lo ignorante producido por lógicas del saber que privilegian la ciencia positiva y la estética de la alta cultura europea con sus cánones de verdad y belleza. Lo atrasado fruto de una lógica del tiempo lineal con sus ideas de progreso, revolución, desarrollo y crecimiento. Lo inferior producto de una lógica de clasificación social, en particular racial y sexual, y las diferencias y jerarquías que de allí brotan. Una lógica de escala dominante que privilegia lo universal y lo global y deja de lado lo particular y lo local. Y finalmente lo improductivo —lo estéril o la pereza, por ejemplo— consecuencia de una lógica productivista capitalista aplicada a la naturaleza y al trabajo. La comprensión de la comunicación desde el imaginario textil cumple con todas estas características y obliga a enfrentar prácticas comunicacionales socialmente significantes y alternativas a los “medios de comunicación”.

Esta comprensión de la comunicación debe orientarse, entonces, hacia una comunicología desde el Sur, intercultural, decolonial y subalterna, lo que implica una consideración epistemológica de la comunicación y de su estudio, la comunicología. El imaginario textil merece ser profundizado para, también, repensar las apropiaciones de las tecnologías desde prácticas y tácticas de la comunicación local, comunitaria y popular. De esta manera lo analizado en este artículo (la linealidad evolutiva, importancia de la oralidad, las referencias a las prácticas textiles tradicionales, la relevancia de las actuales manifestaciones sociales y políticas que toman como referencia lo textil) se encuentra con el testimonio de la realidad de las comunidades latinoamericanas. Aquí es donde el estudio de la comunicación puede encontrar nuevos caminos en los márgenes de la modernidad occidental.


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